lunes, 13 de octubre de 2014

Renovando pensamientos.

Tiene gracia leer mi blog de nuevo cuando hacía tantos años que no escribía. Hoy de casualidad, gracias a una amiga he entrado en blogger y he recordado que yo también tenía uno.
Como siempre, el pasado siempre vuelve, y aquí estoy una vez más, nostálgica de recordar cuánto me gustaba desahogarme en una hoja de papel.
No me sorprende el tiempo que llevo sin plasmar mis sentimientos leyendo todo aquello que escribía, ya que a día de hoy, "me choca" lo profunda que podía llegar a ser gracias a la temática de cada uno de ellos: el amor.
Con el tiempo, y la madurez, una se da cuenta de lo ingenua que puede llegar a ser... Que los amores de adolescentes son tan verdaderos como la vida misma, y que igual que una hoja caduca, cuando llega su  final, después de crecer se va, pero en ese momento vives la vida y los sentimientos más intensamente, puesto que piensas en el presente y no haces caso de consejos de aquellos que han vivido más que tú.
Piensas que eres mayor, que tienes las situaciones bajo control, pero sobre todo que lo presente va a ser eterno, pero lo único que hay eterno es "ese para siempre" y ese "para siempre" es la muerte.
Al estar seguros de nosotros mismos y al ver que tenemos toda una vida por delante, cuando llega el fin de aquello que creíamos que iba a ser tan duradero como nuestro propio ciclo de existencia, nos inundaban los sentimientos de tristeza, creíamos que se acababa el mundo, que nuestro corazón estaba tan vacío como el vaso de leche que nos tomábamos antes de irnos a dormir.
Ahí es cuando nuestro mundo se paraba, para que llegara otra persona a hacérnoslo girar, otro érase una vez y vivieron felices por el fin de los tiempos.
Así es la realidad, muchos amores pasan por tu vida, pero desgraciadamente casi todos están de paso y pocos se quedan, incluso el elegido que aún no ha llegado a muchos, como a mí, y quizás nunca llegará.
Pero he de agradecer a todas esas personas que se fueron, todo aquello que me enseñaron: A tener paciencia, que en la vida todo llega a su ritmo, a veces más lento para unos o más rápido para otros, pero que aquello que no buscamos es lo que aparece de repente para sorprenderte. A elegir lo que quieres que forme parte de ti, a ilusionarte despacio, a abrir tu corazón a quien llegue con el suyo en la mano y poder compartirlo todo con él, los buenos, los malos y los peores momentos, a vivir el presente sabiendo que todo tiene su final que puede ser mañana, en tres años o quizás hasta nuestro último soplo de aliento,
El amor es la fuerza que mueve al mundo, pero no con esto me refiero al amor en pareja, tal y como yo lo veía antes. Ahora miras el horizonte de la vida con otra visión, y mis ojos ahora ven que existen más amores en la vida: El amor por la familia, la amistad, la naturaleza, los animales, por los demás, por tu trabajo, e incluso el amor por el dinero. El amor en pareja ya no lo veo, más bien por el tiempo que llevo sola, gracias al cual he descubierto que una persona no lo es todo, sino muchas. Es por esto que me sorprende cómo me desvivía en aquellos momentos y el ímpetu de dependencia hacia los hombres que entonces tenía. Culpando a Disney de esto, por las altas expectativas que me impuso respecto a los príncipes azules.
Mi mayor miedo en la vida, siempre lo decía, y ahora no sé si seguirá en algún rincón de mi, era morir sola.
Sola en el sentido, de no tener a nadie con quien compartir el resto de mis días y formar una familia, o ver cine de barrio los sábados por la tarde bajo la mesa camilla con mis nietos rondando alrededor. Creo que es bonito este pensamiento, aunque un poco cómico. Pero ya no lo creo, sé que nunca estaré sola, siempre habrá alguien ahí que esté en tu misma situación, o la familia misma que es la que verdaderamente siempre permanece a tu lado, aunque no la hayas formado tú. Algún día o ningún día ( quien sabe ) encontraré a la persona ideal, pero de momento no es algo que necesite para ser feliz.

-mp-